La Academia Salvadoreña de la Historia nació en 1922, en San Salvador, gracias al impulso fundacional de don Ismael G. Fuentes, quien fungía como Encargado de Negocios de la Legación de El Salvador en España. Ese mismo año en Madrid, la Real Academia de la Historia nombró los primeros Académicos Correspondientes de la Academia salvadoreña, el 3 de febrero, entre quienes se designó al primer Director, don Alberto Luna, y como Secretario a don Juan Ramón Uriarte. Por diversas circunstancias la Academia tuvo su sesión pública fundadora hasta el 30 de enero de 1925, donde se aprobó el proyecto de los estatutos originales. El 1 de abril de ese año, con motivo de conmemorarse los cuatrocientos años de la primera fundación de la ciudad de San Salvador, se realizó la formal inauguración en la Universidad de El Salvador.
Con una honrosa trayectoria de muchos méritos y de muchos años -como la cuarta Academia hispanoamericana por su antigüedad-, la Academia Salvadoreña de la Historia se ha esforzado en cumplir con su cometido de institución guardadora de la memoria histórica en El Salvador. Sus actuales estatutos, aprobados en 2000, en el artículo primero establecen los objetivos fundamentales: a) Promover y divulgar la investigación histórica y los estudios correspondientes a historia, antropología, arqueología, etnografía,
geografía y otras ramas afines que se relacionen con El Salvador y demás países de Centroamérica; b) Contribuir al rescate, protección y defensa del patrimonio cultural salvadoreño en toda sus manifestaciones; c) La conservación, defensa e incremento de los archivos, bibliotecas, museos y colecciones de obras a que se refiere el literal "a" de este artículo, en colaboración con la dependencia del Estado que se encargue del Patrimonio Cultural; d) Promover y participar en la conmemoración de los hechos relevantes de la historia salvadoreña y centroamericana en general, e intervenir en los actos culturales y cívicos a que ellos se refieran; e) Cooperar con instituciones privadas o públicas que tengan similares fines y mantener relación con entidades de igual naturaleza en el extranjero, especialmente con las de Iberoamérica y España; f) Emitir dictámenes e informes que se relacionen con su actividad propia, siempre que les sean solicitados por entidades culturales privadas, organismos del Estado, o cuando la Academia lo estimare conveniente y necesario; g) Realizar todas las actividades indispensables para el cumplimiento de sus fines (Acuerdo Ejecutivo número 340 del Ministerio de Gobernación, de 27 de abril de 2000, publicados los estatutos en el Diario Oficial tomo 347, número 97, de 26 de mayo de 2000).
Desde su fundación la Academia ha tenido presencia en el estudio, análisis y divulgación de la historia de El Salvador y la centroamericana, con distinguidos miembros numerarios que han aportado lo mejor de su intelecto, trabajo y espíritu para el conocimiento, comprensión y dignificación del pasado precolombino, español y republicano. Actualmente, de una membresía máxima de veinticinco Académicos de Número, la institución cuenta con diecisiete integrantes, además de Académicos Correspondientes y Honorarios.
La Academia mantiene corresponsalía permanente con la Real Academia de la Historia, así como las mejores relaciones de cordialidad e identificación mutua con las Academias hermanas de Iberoamérica. El 21 de mayo de 1991, en La Paz, Bolivia, firmó como fundadora el acta constitutiva de la Asociación Iberoamericana de Academias de la Historia, creada por iniciativa de la Academia Boliviana de la Historia, cuyos estatutos fueron aprobados en Madrid, el 13 de noviembre de 1992, en la sede de la Real Academia. Desde entonces ha estado presente en todos los congresos de la Asociación.
A partir de julio de 2004 la Academia tiene su sede en la Casa de las Academias, en San Salvador, en un antiguo inmueble que comparte con la Academia Salvadoreña de la Lengua, y desde el 2006 con el departamento de Arqueología del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura). Con esfuerzo se está en permanentes afanes por colaborar con el desarrollo cultural de El Salvador, a través de la cooperación con instituciones privadas y públicas con iguales finalidades. Después de una propia historia llena de entusiasmos, vicisitudes y éxitos, en la que han estado presentes muchas de las más representativas personalidades de la cultura del país, la Academia Salvadoreña de la Historia es hoy, como siempre, parte integrante de un mejor y más promisorio futuro para El Salvador. |
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